Carol González Psicología

PSICOTERAPIA

Consciencia y trauma

Érase una vez una Reina inteligente, intuitiva, sensible, independiente, intensa, soñadora, inocente, caótica y salvaje que dejó de creer en el amor y abrazó sus miedos quedándose así, atrapada en el Reino de la Memoria.

Sumergida en esa tenebrosa Oscuridad, se dispuso a caminar sin rumbo. Cansada, se detuvo en mitad de la Nada para alzar su voz quebrada e implorar al Cielo: “deseo encontrar el modo de liberar mi corazón de este Hechizo”.

La Relación de abuso como Puente hacia la Consciencia

La Consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella, y reconocer al otro en ella.

Searle afirma que «la consciencia se refiere a un estado de «darse cuenta» que comienza cuando despertamos del dormir y continua durante el día hasta que volvemos a dormir, morimos o en otras palabras cuando nos volvemos inconscientes.

Según Zagmutt «llegar a formular una teoría neurocientifica equivaldría a desvelar el mayor misterio de las ciencias humanas y biológicas», lo único que es posible afirmar hasta el momento, es que existen partes anatómicas en el encéfalo que intervienen en la elaboración de la misma.

Cómo evolucionamos hacia la Consciencia desde la experiencia del Trauma

Existen tres estadios:

1. Estadio inicial, de inconsciencia, representado por la Inocencia y la ilusión del Amor. Nuestros anhelos, deseos, ilusiones y miedos son las conductores de nuestras decisiones.

2. Estado intermedio – disonancia – sufrimiento. Confusión de la Realidad. Representado por el caos y las batallas. Nos enfrentamos a la Sombra, pues en ella anida la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza. Siendo los pecados capitales para la religión cristiana, y justo todo lo que representa simbólicamente el Narcisismo. Comienza el camino: primero tomamos conciencia, necesitamos reconocer la realidad de la experiencia que se vive, reconocer el abuso y reconocer nuestras vulnerabilidades.

3. Estado de Despertar. Los efectos del trauma derivan en un crecimiento postraumático. Produciéndose una reinterpretación de la realidad como resultado de las adversidades u otros desafíos para alcanzar un nivel más alto de funcionamiento vital. Dicha reinterpretación no es disociativa, si así lo fuera se trataría de una psicosis, sino integrativa, pues en ella se puede leer la realidad desde un entendimiento mayor encontrado el Sentido desde el Todo. Somos capaces de observar la constante polaridad en la que nos movemos. Nos conectamos con el verdadero sentido de la Vida, con nuestra misión y entendemos el Amor como una experiencia  presente en todas las cosas y formando parte ella.

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