Carol González Psicología

CAROL GONZÁLEZ - PSICÓLOGA FORENSE

Conóceme

Carol González Hinchado

Lda. Psicología, Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA)

Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense,Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Esp. Neuropsicología Clínica, Universidad de Nebrija

Máster en Investigación Clínica y gestión del Conocimiento Biomédico, Univ. Extremadura (UNEX).

Introducción Terapia Polivagal por Deb Dana, Instituto Cuatro Ciclos.


Acreditaciones:

Habilitación Sanitaria.

N. Col: EX01949

Titular del Área Jurídica del Colegio de Psicólogos de Extremadura (COPEX) 

Perito designado para evaluar la capacidad consensual en procesos de Nulidad Eclesiástica. Arzobispado Mérida- Badajoz.

No hace mucho tiempo, yo también estuve donde tú estás ahora.

Durante gran parte de mi vida, mi existencia fue una arquitectura diseñada por otros. Hoy, al mirar atrás, no me habita la frustración ni la vergüenza. Me habita la claridad. Durante años, la pregunta que erosionaba mi lógica era: ¿Cómo ha sido posible? Con mi formación académica, mi trayectoria forense y mi experiencia clínica, ¿cómo no fui capaz de ver la trampa? ¿Cómo pude sostenerme por diez años sin disolverme a la nada frente al asedio tan sutil como incesante que recibía? La respuesta no está en mi falta de pericia, esa es la trampa,  sino en el vacío y abandono sistémico.

 A día de hoy, en pleno 2026, si escudriñamos los planes de estudio de las facultades de psicología en España, no hallaremos ni un solo módulo dedicado al abuso psicopático o del control coercitivo. El sistema académico nos forma para identificar «trastornos», pero ignora, por omisión u obsolescencia, la arquitectura del depredador, esa mano invisible que, en la cotidianidad, desmantela voluntades sin dejar rastro clínico.

«Eres demasiado para ser violentada»

Por otro lado, existe un peligroso consenso social: la creencia de que la inteligencia, la cualificación y los recursos actúan como un escudo frente al abuso. Esta falacia permite que la sociedad lance una sentencia devastadora que muchas hemos escuchado como un estigma: «¿Cómo una mujer como tú ha permitido esta violencia?».

Nos han vendido la estampa de la «víctima ideal» (frágil, desinformada y sumisa) para hacernos creer que el abuso es, simplemente, una carencia. Sin embargo, la realidad es mucho más oscura. Los depredadores no buscan presas fáciles; buscan desafíos estimulantes. Para ellos, anular a una mujer brillante no es solo un acto de control; es un trofeo. Saben que, si logran doblegar una mente capaz, habrán neutralizado a una rival de altura.

Una trampa prediseñada.

Yo no solo caí en esa tela de araña; me crié en ella.

Mi neurodivergencia —esa doble excepcionalidad de altas capacidades y autismo— unida a un trauma complejo desde la infancia, fue el terreno abonado donde los depredadores de mi vida construyeron su imperio de poder. Fui un blanco trazado con precisión quirúrgica. Ellos conocían mis puntos ciegos mejor que yo misma.

Mi historia es larga, densa, casi estratificada; a veces siento que he vivido varias vidas superpuestas. Pero hoy, en este presente que habito, el asedio ha perdido su capacidad de definirme y en su lugar se ha convertido en otra VOZ para ayudar a las mujeres a encontrar la puerta de salida.

 No sin antes, debo serte honesta: sus intentos no han cesado. He aceptado que no tengo control sobre la voluntad ajena. Sin embargo, he encontrado algo más valioso en este camino de reconstrucción:  la confianza en mis recursos y competencias para proteger mi propio territorio. He aprendido a blindar mi presente y mi futuro.

Hoy, soy yo quien dicta las normas de mi vida. He dejado de arrastrar los restos del naufragio y de habitar estructuras impuestas que no me pertenecen. Diseñar mi propia arquitectura vital ha tenido un efecto secundario inevitable: me he convertido en una persona incómoda. Y no es porque me calle, es porque nombro —con precisión y sin aderezos— aquello que los demás prefieren pasar por alto.

No te voy a negar que ser fiel a la verdad tiene sus costes. Quienes me han seguido durante años en mis redes sociales saben que tuve que renunciar a una comunidad de 200.000 personas por un motivo innegociable: porque elegí ser justa y clara ante determinadas narrativas bilaterales impuestas. No hacerlo hubiera sido doblegarme a la voluntad de lo que se espera y  no lo que necesita esta sociedad.

Y ahora, por poner un toque de humor a este despliegue de firmeza, siempre podemos echarle la culpa a mi configuración astrológica. Ser Sagitario con ascendente y luna en Acuario creo que lo dice todo: donde pongo el ojo, pongo la flecha, aunque eso conlleve ser disruptiva en un sistema que prefiere la complacencia o la sumisión. 

Mi posición no es exigencia; es enfretar la vida con dignidad.

No es una venganza; es justicia hacia quien fui y  quien soy.

 

¿Cómo podemos trabajar juntas?

Si has llegado hasta aquí, ya sabes que no soy una terapeuta convencional. No busco que te sientes a desgranar tu pasado para encontrarle un sentido que, a menudo, el depredador ya ha manipulado, ni que tus activos se conviertan en una eterna inversión en el pasado. Mi labor aquí no es la introspección; es la acción y la protección.

 He pasado años en el ámbito clínico y forense, y he comprendido que el control coercitivo no se resuelve con validación emocional , sino con estrategia.

 

Una pregunta antes de continuar:

Hazte esta pregunta: ¿cómo siente tu cuerpo la palabra estrategia?

Si al escucharla experimentas una punzada de culpa, si sientes que ser estratega en tu propia vida te hace «mala persona», detente ahí. Esa culpa no es tuya; es la señal definitiva de que tu problema no es la falta de límites, sino la relación que te han obligado a tener con tu propio poder.

Te han enseñado que proteger tu territorio y el de tus hijos es un acto de egoísmo e incluso de despecho. Yo te digo que es un acto de supervivencia y, sobre todo, de dignidad profunda. Edificar una estructura que impida que otros te destruyan no es una falta de bondad; es el ejercicio más legítimo de tu soberanía.

Si tu cuerpo rechaza el poder por miedo al juicio ajeno, es precisamente ahí donde juntas podemos empezar a trabajar. Porque no se trata solo de estrategia legal o cotidiana; se trata de que aprendas que tu poder no es un arma contra los demás, sino el escudo que garantiza tu libertad.

Si estás lista para dejar de narrar tu laberinto y empezar a diseñar tu salida, consulta mis Servicios.

Soren Kierkegaard

"La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante".